De quién es esta casa – Va de padres

Ilustración con muchos tipos de casas

Lo planificas con meses de antelación, porque que tres parejas con hijos pequeños puedan quedar tranquilamente (= sin canalla) para el almuerzo es un reto logístico de primera magnitud.

Llegas de casa de los abuelos, de abandonarlo temporalmente la descendencia y te encuentras una casa que es la tuya, donde te has ido amoldando (tú a la casa, no al revés) poco a poco.

La comida está fuera, pero existe la posibilidad de que los cafés acaben siendo en casa.

Así que piensas si no deberías dejarla un poco aparente. Ben puesta. No sólo limpia, sino ordenada. Agradable a la vista.

Quizá no hay que: somos amigos. Ya nos conocemos.

Pero piensas si al menos no deberías desactivar el campo de minas que son los rotuladores que han quedado medio perdidos – los demás están recogidos, pero siempre se medio-pierde alguno. O algún libro trampa que ha quedado medio enterrado entre los cojines para perforar la pelvis de alguien que inadvertidamente se ponga a sentarse sin mirar. O la proliferación de dibujos que han ido saturando todas las superficies de la casa, verticales y horizontales. O estabilizar el pilón de “tuppers” con juegos, juguetes y zarandajas diversas que puede caer en cualquier momento y aplastar quien haya osado sincronizar su paso con el evento de quiebra gravitacional. O las diez botellas de plástico y otros siete rollos vacíos de papel higiénico que hay sobre la mesa del comedor y que debemos guardar porque debemos reciclar (es decir, reutilizar) en lugar de tirar.

Me lo miro todo, con perspectiva (mucha perspectiva, porque el horizonte es amplísimo) y no sé ni por dónde empezar.

No es que la casa esté sucia (bueno, tampoco está para hacer experimentos de bioingeniería). No es que la casa esté desordenada (aunque Descartes tendría un cubrimiento sólo en entrar). Es que está diferente.

Al final se impone la realidad.

Cuando entren, si venimos a hacer el café en casa, abriendo la puerta, diré: “¿Qué, se nota que tenemos dos hijos, eh?” Y, si por esas cosas, se nos había acabado el tema de conversación, ya volveremos a tener uno. Que puede durar horas.

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