Minimalismo en familia, es posible!

Si hace dos años me hubieran dicho que hoy estaría escribiendo este artículo, no me lo hubiera creído. Yo que tengo tendencia a guardar cosas “por si acaso”, que acumulaba ropa que compré hace casi 20 años y que soy además de recoger que de tirar, pensar en minimalismo estaba en las antípodas.

Pero un día, con dos niños por casa, empezamos a tener otras necesidades como familia, y una de importante es el espacio y su organización. “Quizás deberíamos hacer limpieza de trastos“,”quizás deberíamos vaciar un armario“… son rumores e insinuaciones que empiezan a hacerse más frecuentes en casa. Y cuando la evidencia y la necesidad ya son manifiestas empezamos a ordenar. Ahora hacer elegir de ropa e intentar reducir, ahora ordenar unas estanterías de trastos, ahora los cajones del escritorio a fondo, etc. y poco a poco vamos haciendo agujeros, ganando espacio y nos vamos organizando.

Como decía, lo empezamos a hacer por necesidad, sin pensar en un objetivo final. Aquí todavía no nos hemos planteado “queremos tener una casa lo más minimalista posible“, Y no es hasta que hablamos con una amiga que nos habla de la Marie Kondo, y descubrimos que hay gente experta, que se dedica profesionalmente, y que pone por escrito en el libro La Magia del orden todo esto que estamos experimentando desde hace unos meses. Es un libro que tiene fans y críticos, pero que a nosotros nos encajó en un proceso que ya habíamos iniciado y nos ayudó mucho a poner orden, sentido y estructura al proceso. Ahora ya sí, nuestro objetivo era terminar el año 2017 con la casa lo más minimalista posible.

Si bien durante los meses previos yo ya había hecho dos tandas de elección de ropa, el hecho de vaciar TODOS los armarios, tomar conciencia de todo lo que tenía y elegir sólo lo que realmente necesito o que quiero tener, me llevó a llenar 2 maletas más de ropa para dar. Y ahora, en lugar de tener un altillo en el armario con cajas con la ropa de verano, tenemos toda la ropa de cada uno, de todo el año, siempre a la vista, porque tenemos menos y nos cabeza. Plegar los calcetines o ropa interior según su método no es imprescindible, pero lo hacemos y nos gusta.

Y así fuimos haciendo con todo: la cocina, los despacho, la sala, los aseos, etc. vaciando todos los armarios, unificando todos los elementos y eligiendo los que necesitábamos y lo que queríamos. Es un ejercicio impresionante, ya que empiezan a salir cosas duplicadas, triplicadas y quintuplicadas de debajo de las piedras, y en la mayoría de casos que no necesitamos.

Con los juguetes de los niños también lo hemos hecho, y lo hemos hecho conjuntamente, eligiendo qué se querían quedar y qué querían dar, hasta reducir las cajas a la mitad.

Una vez hecha la selección, toca organizar. Y como hemos dado o tirado muchas cosas (pero muchas), nos sobraba espacio. Así que empezamos a desmontar muebles, estantes y trastos que ya no necesitábamos. Tenemos más espacio en la sala, en las habitaciones y los aseos. En la cocina puedes abrir los armarios sin que se caiga nada, y hemos conseguido tener el despacho limpio y ordenado que da ganas de sentarse a trabajar. ¿Cómo? Asignando un lugar a cada cosa. De este modo, todo lo que podría quedar esparcido por casa todo el mundo sabe donde y es muy fácil y rápido ponerlo en su sitio. Como hemos ganado mucho espacio dentro de los armarios, utilizamos cajas para guardar otras cosas que antes estaban a la vista en estanterías, consiguiendo una calma visual muy importante (que Kondo también explica en más detalle).

Este proceso lo hemos hecho a conciencia durante 3 meses, haciendo un sprint más intenso durante 4 fines de semana seguidos que fue la actividad familiar.

Una vez hecho esto, cambiamos las puertas de los balcones que dan a una calle muy ruidoso, por unas puertas con aislante térmico y acústico que nos han aportado un alto nivel de confort en la sala, que sumado a la reducción de muebles y “decoración “, hemos conseguido un espacio grande y agradable donde jugar con los niños.

Y finalmente, como que hemos reducido bastante todos los muebles y trastos por toda la casa, nos hemos animado a pintar el piso nosotros mismos (durante la navidad), ya que la parte más pesada de encintar, mover muebles y tapar objetos, era relativamente pequeña.

Total, que damos por terminado este proceso y estamos encantados. Hemos ganado mucho espacio para los cuatro, y sobre todo un espacio con más calma y agradable. Que además coincide con el cuidado y planteamiento de los espacios que también tienen en la escuela y en la guardería.

Resumiendo:

  • Llegar a casa y encontrar un espacio claro, limpio, sin trastos, luminoso, etc. nos da una sensación agradable que aún ahora nos sorprende y comentamos.
  • Tenemos la ropa que queremos tener, ni más ni menos. La tenemos toda la vista y nos facilita elegir y valorar si necesitamos comprar alguna otra pieza o no.
  • Hacer la limpieza se ha vuelto mucho más fácil. No hay estanterías llenas de trastos ni camas llenos de cajas debajo.
  • Hemos cambiado el chip, y ahora nos lo pensamos mucho antes de llevar algo nuevo en casa. Los niños también lo han ido interiorizando.
  • Poder trabajar desde casa y tener el despacho limpio y ordenado, se agradece mucho.
  • En paralelo a otros estilos de vida saludable que ya practicábamos, este nos aporta mucho a todos, los beneficios se notan enseguida y de forma continuada.
  • Es un proceso largo y pesado que debe hacerse a conciencia y con una limitación de tiempo acordada. Pero el resultado vale la pena.

No somos expertos pero hemos leído y lo hemos hecho a conciencia, así que si tiene dudas, quieres saber más, o también lo ha hecho y desea compartir su experiencia, estaremos encantados de hablar.

Si le interesa, puede comenzar viendo esta presentación de Kondo (42 minutos)

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